Espósito llega a buscar a Sandoval a su bar habitual, ahí lo encuentra con las cartas que el sospechoso le escribió a su madre.
Espósito: Ya no sólo te escapás para mamarte, ahora también te robás las pruebas.
Sandoval: Ya está todo bajo control, Benjamín.
Espósito: Mirá si a Irene se le ocurre leer el expediente?
(Espósito intenta quitarle las cartas a Sandoval)
Espósito: ¡Suelte, Carajo! ¿Qué está haciendo, se volvió loco?
Espósito: Vámonos...
Sandoval: Sentate vos un segundo. Sentate y relajate. ¿Sabés por qué no lo podemos encontrar, Benjamín? Porque somos dos boludos... Mirá: 12 cartas, 31 folios,
5 trabajos... No, esto ya te lo leí.
Espósito: Vámonos.
Sandoval: No. No paré de pensar un segundo... La cabeza me explota, Benjamín. Yo me puse a preguntar. ¿Cómo es posible que no lo podamos encontrar a este tipo? Siempre se nos hace humo, ¿dónde está? Y se me ocurrió pensar en los tipos, pero en todos los tipos, no en este tipo en especial, sino...
Espósito: “Los tipos”, sí.
Sandoval: Eh, ahí está. En “el Tipo”... El tipo puede hacer cualquier cosa para ser distinto... pero hay una cosa que no puede cambiar, ni él, ni vos, ni yo, nadie. Mirame a mí. Soy un tipo joven... tengo un buen laburo, una mina que me quiere... y como decís vos, me sigo cagando la vida viniendo a tugurios como éste. Más de una vez me dijiste: “¿Por qué estás ahí, Pablo, qué hacés ahí?”... ¿Y sabés por qué estoy, Benjamín? Porque me apasiona. Me gusta venir acá, ponerme en pedo, cagarme a trompadas si alguien me hincha las pelotas, me gusta. Y vos lo mismo, Benjamín. Vos no pod-, no hay manera de que te puedas sacar de la cabeza a Irene. Y la mina tiene más ganas de casarse que Susanita. Debe tener más de 37 revistas de trajes de novia arriba del escritorio. Se comprometió con fiesta y todo, pero vos... seguís esperando el milagro, Benjamín. ¿Por qué? (Espósito baja la mirada) Vení. (Se acercan a la barra en donde un grupo de comensales bebe) ¿Qué tal Escribano, cómo le va?
Escribano: Qué dice, ¿cómo está?
Sandoval: Acá le traje al amigo del que le había hablado: Espósito. El Escribano Andretta, Escribano en serio, mi asesor técnico.
Escribano: Ahí le doy una tarjeta. (Se la extiende a Espósito)
Sandoval: Vamos con la primera carta de nuestro querido amigo Gómez.
...
Sandoval: “Te juro que con lo que llovió quedé peor que Oleniak la vez aquella”. Escribano, por favor:
Escribano: Juan Carlos Oleniak, debutó en Racing en el año 60... en el 62 pasó a Argentino Juniors, en el 63 volvió a Racing. En un clásico con Sandoval Lorenzo, le dieron un empujón... lo metieron de cabeza en el foso. Salió todo empapado.
Sandoval: Ah, una cosa seria. Acá lo llamamos Platón, porque vive de La Academia. “Yo te voy a traer vieja, y vamos a ser flor de yunta... no es lo mismo Anido, que Anido con Mesías”... Doctor:
Escribano: Anido y Mesías, backs del Racing Campeón del '61... Negri al arco, Anido y Mesías, Blanco, Piani y Sachi, Corbata, Pisutti, Mansilla, Sosa y Belén.
Sandoval: “quedate tranquila vieja, en eso soy como Manfredini y no como Babastro”. Escribano:
Escribano: Pedro Valdemar Manfredini... Se lo compraron a los mendocinos por 2 pesos y resultó ser un jugador extraordinario para su época... ¡Increíble! Julio Babastro, puntero derecho jugó sólo dos partidos entre el 62 y el 63 sin abrir el escor.
Sandoval: Cito: “Yo no quiero terminar como Sánchez”, ¿a qué se refiere
“como Sánchez”, doctor?
Escribano: No, seguramente se está refiriendo al guardameta Ataulfo Sánchez, eterno suplente del gran Negri... jugó solamente 17 partidos entre el 57 y el 61.
Sandoval: Escribano, ¿qué es Racing para usted?
Escribano: Bueno, una pasión, querido.
Sandoval: ¿Aunque hace nueve años que no sale campeón?
Escribano: Una pasión es una pasión.
Sandoval: ¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de famila, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín... no puede cambiar... de pasión.