lunes, 9 de septiembre de 2013

El hombre nace buscando la felicidad, y todo lo que lleva a cabo lo hace en busca de ese fin. Todos quieren ser completamente felices para siempre pero, sin embargo, nadie puede estar seguro de que esa felicidad plena y perpetua existe porque de hecho no hay un arquetipo de felicidad ni conocemos a nadie que haya llegado completamente. El hecho de alcanzar un estado de felicidad que incluya estar completamente seguros, en paz y en armonía es una utopía y resulta hasta un tanto cínico si tomamos en cuenta que en un mundo caótico como el nuestro, se tornaría imposible ser plenamente feliz.
La felicidad se encuentra en la ruta, no en el final del camino. A medida que el hombre va recorriendo su vida, va encontrando momentos de dicha y de lo que un creyente en la felicidad eterna diría felicidad efímera o momentánea, pero que aquí llamaremos simplemente felicidad. Marañón dijo: “La felicidad es un sentimiento fundamentalmente negativo: la ausencia de dolor”  y no hay nada menos negable, pues solo aquel que conoce el dolor, conoce también la satisfacción de no sentirlo. Y eso es lo que llamamos felicidad, porque en un mundo que es imperfecto como el nuestro, donde el dolor está a la vuelta de la esquina, lo que más pleno hace sentir al hombre es escaparle a ese diablo. “La felicidad no es nunca grandiosa” decía Huxley y si nos tomamos un segundo de nuestra vertiginosa realidad para observarla, nos damos cuenta que nadie puede ser completamente feliz. En la vida siempre hay ausencias de personas, de amor, de afectividad, de bienes materiales que nos hacen sentir incompletos. Vivimos en un mundo incompleto: en un mundo donde reina el individualismo, hay claramente falta de amor. ¿Cómo se puede estar completo en un mundo incompleto? ¿Qué nos provee de lo que nos completa si donde vivimos nada lo tiene?
Muchos buscan la felicidad al final del camino, allí donde descendemos a la tumba. ¿Felices y dormidos? ¿Cómo sería posible sentirse feliz cuando ya no se siente nada? ¿No es más razonable el hecho de pensar a la vida como una suma de momentos en los que a veces aparece un rayito de felicidad que, a pesar de que se desvanece, puede volver a aparecer? ¿No será esa la motivación del hombre para seguir adelante?

Según esta concepción, todo hombre puede ser feliz, pues la felicidad se trata de sobreponerse al dolor que es antecesor a un nuevo momento de felicidad. Y todo hombre sufre. “No hay árbol que no haya sido sacudido por el viento” dicen los hindúes. Y así, todo hombre puede ser feliz.